
Posted by Amalthea El sincretismo
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on May 2, 2007, 3:21 pm
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La adoración a la cruz está relacionada con la llegada de la temporada lluviosa y el nacimiento de nuevos frutos regalados por la tierra.
En El Salvador pueden observarse una serie de manifestaciones culturales las cuales muestran características de los pueblos ancestrales mesoamericanos. Estas expresiones materiales y espirituales como las cofradías, bailes y danzas tradicionales, ritos en cuevas y en las casas, comida tradicional y otros, se encuentran, muchas veces, escondidas detrás de ritos cristianos, frecuentemente conjugados con fiestas religiosas del santoral católico pero que evocan costumbres de los antiguos pipiles, mayas y otras culturas que habitaron El Salvador precolombino. Una de estas manifestaciones es la celebración del Día de la Cruz, el tres de mayo, la cual debe haber sido una fiesta popular aún en la época prehispánica, ya que ésta se mantuvo después que se instauró la religión cristiana. Fue quizás una de la tradiciones más importantes, evidente en el hecho que se ha mantenido dentro de la memoria colectiva de los salvadoreños, por más de 500 años, desde la llegada de los conquistadores a nuestro territorio.
En todos los patios de las casas y en el campo se levantan altares en donde será colocada la santa insignia del Redentor. Estos altares son adornados artísticamente, y en algunos se elaboran alfombras primorosas, adornadas con flores y frutas de todos los colores.Estos altares de la Cruz están proclamando, además de la devoción cristiana, la exuberancia de la naturaleza y la plenitud de la primavera que cantan alegremente en este «Día del Tres de Mayo» o «Día de la Cruz».Sin embargo, la Cruz posee también un segundo significado, pues está relacionada con una antigua creencia indígena.
Esta celebración es un ejemplo del sincretismo religioso de las culturas hispanas e indígenas. Además, sería un remanente del culto al Xipe Totec (nuestro señor deshollado.).Antes de la Conquista, los indígenas mesoamericanos relacionaban a la cruz con las direcciones cardinales de la cosmogonía indígena: norte, sur, este, oeste y centro, que gráficamente formaban una cruz.
Con la aparición de las primeras lluvias, se rendía culto a la fertilidad, a la madre tierra y a la deidad de Xipe Totec, nuestro Señor El Desollado. Este dios fue muy importante en la época precolombina y es considerado como uno de los principales dentro del panteón mesoamericano
Para este pueblo de raíces agrícolas, la llegada de la temporada lluviosa era momento para pedir y agradecer a las antiguas deidades por el agua que caería del cielo y haría germinar sus cosechas. Si la lluvia ahora se considera un fenómeno natural más y muy necesario que se da todos los años, los antiguos pobladores de Mesoamérica pertenecientes a pueblos eminentemente agrícolas la consideraban una bendición, un regalo por parte de sus dioses. Sin embargo, ese premio húmedo que aparece cada medio año, después de un caluroso verano, podía venir de forma providencial haciendo florecer las cosechas o de forma dilúvica causando heladas o inundaciones. Por tanto, en culto y rituales a sus deidades del agua, les rogaban para obtener una buena cosecha el presente año.
Lo más importante a considerar es que gran parte de esta sabiduría se perdió en el tiempo temprano de la Colonia, con la misión de los religiosos de imponer el cristianismo a través de los métodos de la Inquisición, obligando a desechar los antiguos ritos y cosmovisiones de la poblaciones precolombinas. Con la llegada de los españoles, se erradicó esta connotación y se sustituyó por el simbolismo religioso de la Santa Cruz.
María de Baratta cita en su libro "Cuzcatlán Típico I" lo escrito por el fray Bernardino de Sahagún, quien escribió su “Historia general de las cosas de Nueva España” a partir de 1529, en donde relata la fiesta de Xipe Hualiztli (desollados). “Al segundo mes llamaban Tlacaxipehualiztli (desollamiento de hombres, y comenzaba el 13 de mazo). En el primer día de este mes hacían una fiesta a honra del dios llamado Totec y por otro nombre se llamaba Xipe, donde mataban y desollaban (quitar la piel) a muchos esclavos y cautivos”. La antropóloga Gloria Mejía de Gutiérrez (ya fallecida), quien trabajaba en CONCULTURA señaló en un escrito sobre el Tres de Mayo-Día de la Cruz que: “El culto Xipe Totec se efectuaba desollando una víctima y cubriendo con su piel al dios. Así como con la lluvia, la tierra se cubre con un nuevo manto de vegetación, así era vestido el dios Xipe Totec con la piel de las víctimas. Otros antropologs aseguran que en algunas regiones de Mexico, los guerreros mas sobresalientes se les daba la piel de las victimas para que las llevaran a sus barrios como amuletos para curar muchas enfermedades. Los españoles al ver esos sacrificios humanos dedicados a dioses paganos, cambiaron el rito indígena por el de la iglesia católica. Es así como impusieron la adoración a la cruz cristiana.
Quizás un último remanente de este rito (al Xipe Totec) se ha resguardado en la costumbre tradicional de la celebración de la Cruz de Mayo, la cual se reviste con flores y frutos cuando las primeras lluvias los han hecho florecer. Esta debe ser elaborada del palo de jiote, recordando el cambio de piel por otra, simbolizando la renovación de la vegetación. —una de las particularidades que tiene este árbol es que su corteza se descascara como si estuviera mudando piel—.
El Xipe Totec era el dios azteca de la primavera (el comienzo de la época de lluvias y la nueva vegetación) el arqueólogo Carlos Javier González González, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) asegura que Xipe Tótec estaba relacionado con el ámbito agrícola, específicamente la siembra del maíz, y la renovación vegetal, y como símbolo de la vegetación, el Xipe usaba una piel de víctima humana que representaba la “nueva piel” que cubría la tierra en primavera. (Esto se muestra en la corteza desprendible del jiote con que está hecha la cruz tradicional). En este sentido, el inicio de la fiesta Tlacaxipehualiztli coincidía con el equinoccio de primavera.
Los aztecas también rendían culto a Tlaloc (“el que hace que las cosas florezcan”), el dios de la lluvia o la tormenta, pues era sumamente importante para su cultura que era agrícola asentada en un medio ambiente semiárido. Tlaloc era frecuentemente representado con los ojos vacíos, con una corona de plumas de garza, sandalias de espuma y una vara en forma de serpiente (símbolo del rayo). El culto a Tlaloc marcaba el solsticio de verano e inicio de la temporada húmeda..
El mestizaje entre las culturas española e indígena produjo un sinnúmero de celebraciones sincréticas. En consecuencia, muchos santos tomaron el lugar de las primitivas deidades de la lluvia.
Éste es el caso de San Isidro Labrador, patrono de los agricultores del mundo. Ángel Cañas, coordinador de arte popular de CONCULTURA, relata que antiguamente algunas comunidades indígenas en El Salvador sacaban a San Isidro en procesión y realizaban “las rogaciones” en donde iban pidiendo al santo la lluvia, pues pronto iniciarían la temporada de siembra. Si no llovía, el santo era colgado de cabeza en la rama de un árbol y lo bajaban hasta que caía la primera tormenta. Esto era considerado como el milagro, pero al mismo tiempo sentían arrepentimiento por haber tratado mal al santo y le celebraban las fiestas.
Cañas agrega que otro ritual era la bendición de las semillas que van a sembrarse en invierno. En el área pipil esto se conocía como “chinaste”. En la zona lenca como el ritual de la siembra (que se dejó de realizar hace algunos años en Delicias de Concepción, Morazán). Y los izalco, al occidente del país, celebraban antiguamente el ritual de las acequias, en donde estos canales en la tierra creados para la irrigación del suelo era limpiados, ampliados y nivelados para asegurar el agua del invierno que haría germinar el sustento de la comunidad. Desafortunadamente, agrega Cañas, este rito y muchos más se perdieron con la masacre de 1932.
La celebración de la Cruz de Mayo es un ejemplo extraordinario de la gratitud que expresaban nuestros pueblos ancestrales a los frutos de la tierra. Ojalá que conservemos este mensaje de agradecimiento y de respeto a la tierra, que tenían los pueblos pipil, maya, ulúa y otros, para que se cumpla a plenitud la función de esta costumbre popular salvadoreña de la Cruz de Mayo.
http://www.laprensagrafica.com/especiales/2004/DiadelaCruz/nota03.asp
http://www.rree.gob.sv/comunidades/comunidades.nsf/pages/Dia_de_la_Cruz#Antecedentes%20Históricos)
Y la lluvia caerá... Adda Montalvo
departamento15@laprensa.com
http://www.laprensagrafica.com/especiales/2004/DiadelaCruz/nota06.asp#Imprimir

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